Gestionar tus emociones

Cómo anticiparte a tus emociones y transformarlas

Las emociones per se, no son ni buenas ni malas. Son todas necesarias aunque, algunas de ellas, preferiríamos no tener que sentirlas y otras, nos gustaría sentirlas constantemente. Así que, sí, es inevitable sentir, aunque algunas veces duela o sea incómodo. Por eso, lo mejor que podemos hacer es aprender a gestionarlas para aprovecharlas y anticiparnos a las reacciones automáticas de nuestra mente.

Nuestras reacciones y nuestro comportamiento están provocados por nuestras emociones. Éstas tienen una duración limitada y suelen avisarte de que hay algo que falla en tu vida. Así que si llevas demasiado tiempo sintiendo la misma emoción y no te sientes bien, es que tienes que gestionar alguna cosa en tu vida.

Si investigas qué situaciones la originan, te facilitará poder controlarla antes de que suceda.

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La autoobservación

A través de la autoobservación, puedes descubrir qué situaciones te generan descontrol, qué es lo que hace que tus emociones tomen el control de tu vida y te sientas mal durante demasiado tiempo.

“No puedes escoger directamente las circunstancias pero sí puedes elegir los pensamientos e, indirectamente, darle forma a las circunstancias”. James Allen

Si evaluamos los momentos que crean estos cambios emocionales, podemos dividirlos en 3 partes:

  • El momento antes de la situación
  • Después de la situación
  • El resultado de la situación, es decir, cuál es la consecuencia de lo que ha sucedido.

A menudo, lo que sucede es que pasa tan rápido que no te das cuenta de que ha sucedido. Te darás cuenta después, cuando te sientas mal y te plantees porqué estás enfadad@, triste o molest@. No pasa nada, es normal. Esto requiere de práctica.

Así que, para aprender a gestionar las emociones ANTES de que haya sucedido algo, tendrás que empezar observándolas después, cuando ya haya sucedido, hasta que, cada vez seas más consciente de tus emociones y llegue un día en que te des cuenta antes de que sucedan.

Cuando seas capaz de darte cuenta de cómo reaccionas ante ciertas situaciones y circunstancias, podrás gestionar tus emociones antes de que ellas tomen el control. Pero no nos vamos a anticipar… Te voy a dar unas cuantas preguntas para que las utilices para descubrir qué ha originado las emociones que estás sintiendo.

Cuando suceda una situación que desencadena tus emociones sin control…

Plantéate lo siguiente:

  • ¿Qué ha desencadenado esta situación?
  • ¿Cómo has respondido? ¿Ha sido un comportamiento agresivo, pasivo o asertivo?
  • ¿Cómo has actuado?
  • ¿Has visto distintas opciones?
  • ¿Has tomado la mejor decisión?
  • ¿Te arrepientes de alguna cosa de las que has hecho?
  • ¿Siempre reaccionas igual?
  • ¿Hay algún tipo de situación o de persona que te genere esta inestabilidad emocional? ¿Por qué crees que sucede?

Todas estas preguntas te ayudarán a ser más consciente de lo que sucede y de qué dispara (trigger) estas emociones que no puedes gestionar.

El objetivo final es poder trabajar todas las situaciones diferentes que te producen malestar emocional y que descontrolan tu mente para poderlas afrontar mejor cuando se produzcan en tu día a día.

Si has observado, evaluado y practicado una respuesta más adecuada desde tu casa, cuando sucedan en tu vida real, es más probable que reacciones de un modo más adecuado. Cuanto más integrado lo tengas, más fácil es que reacciones correctamente.

“Ser conscientes de lo que sucede dentro de nosotros es el primer paso para crear un cambio”.

Tu diálogo mental

Es por ello, que es importante descubrir tu diálogo mental antes, durante y después de la situación también. Para ello, necesitas tener muy claro y delimitado el problema. Vamos a ello:

  • ¿En qué consiste la conducta que te genera malestar exactamente?
  • Analiza todos los hechos que envuelven esta conducta, recuerda lo que hemos evaluado antes (antes, durante, reacción).
  • ¿Por qué se mantiene? ¿Cómo puede variar?
  • ¿Con quién sucede? ¿Es con una persona en concreto?
  • ¿Cuándo sucede?
  • ¿Qué es lo que te preocupa de la situación?
  • ¿Por qué te comportas así?
  • ¿Cómo afrontas normalmente esta situación?

Autorregistros

La manera para evaluar todos estos aspectos, es a través de los autorregistros. De este modo, podrás reflejar la conducta manifiesta (pública) y la oculta (pensamientos y sentimientos), junto con la frecuencia de la aparición de la conducta-problema.

Reflexiona sobre lo siguiente:

  • ¿Cuántas veces por semana, día o mes, sucede?
  • ¿Sucede siempre o solo en ciertas ocasiones?
  • ¿De qué depende?

Apúntalo cada vez que suceda, el día y la hora. Intenta siempre tener en cuenta la situación y las circunstancias que lo provocan y puntúa de 1 a 10, el nivel de intensidad de la conducta concreta, tanto la interna como la externa: lo que se ha dicho, lo que se ha hecho, lo que se ha pensado y lo que has sentido físico y anímicamente.

Por ejemplo, en un autorregistro podrías apuntar:

  • Fecha
  • Situación
  • Pensamientos anteriores
  • Pensamientos durante
  • Pensamientos posteriores
  • Sentimientos
  • Consecuencias de tu actuación.

Rellénalo durante unas cuantas semanas para tener información de varios días y poder ver si es una conducta habitual en ti. A partir de aquí, tendrás suficiente información como para saber cómo empezar a cambiar estos pensamientos y anticiparte a ellos, y así, cambiar cómo te sientes, cómo afrontas estas situaciones conflictivas y sobre todo, mejorar tu diálogo interno.

¿No consigues resolver el malestar que te acompaña? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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