Cuando nos sucede algo que no queremos o que no nos gusta, solemos reaccionar de dos formas distintas: o nos sentimos víctimas o nos sentimos culpables.

Con una actitud de víctima, acostumbramos a actuar como una persona desvalida, que depende de los demás y que no tiene derechos ni tiene opinión. Todo el mundo, hasta la vida, está en nuestra contra y no hay nada que podamos hacer para cambiar esta terrible situación. A menudo, nos dejamos llevar por el dramatismo, por las quejas y los lamentos. Todo es terrible y no se puede cambiar nada. Somos víctimas del mundo que nos rodea y no hace falta que intentemos hacer nada porque tampoco podremos solucionarlo.

Con una actitud de culpable, consideramos que nos merecemos que nos traten mal, es un castigo que nos merecemos por el motivo que sea. Provenimos de una tradición judeocristiana que hace que la culpa forme parte de nuestra vida, haciéndonos sentir culpables por todo. Creemos en el castigo y en que el malo siempre acaba siendo castigado (aunque en la realidad no sea siempre así).

Si crees que no mereces alguna cosa, te sentirás culpable. Y si te sientes culpable, sabotearás tus sueños y deseos porque considerarás, inconscientemente, que no te lo mereces.

Si te sientes víctima, te quedarás inmóvil viendo pasar la vida mientras te quejas y te lamentas. Si te sientes culpable, no te permitirás triunfar ni ser feliz porque considerarás que no te lo mereces.

Para salir de estos estados limitantes, debes tomar el control de tu vida y responsabilizarte de lo que te sucede. Está claro que hay situaciones de la vida que no se pueden controlar ni cambiar, pero lo que sí puedes controlar es cómo te sientes al respeto y cómo decides actuar.

Cuando suceda algo en tu vida que no te gusta, como que te despidan del trabajo, puedes actuar como víctima, preguntando por qué te suceden estas cosas a ti, quedándote en casa quejándote. Puedes actuar como culpable aceptando que es culpa tuya por no tomar las decisiones correctas en el momento adecuado o por no implicarte lo suficiente.

Pero también hay un tercer modo de actuar. Siguiendo el ejemplo del trabajo, también puedes actuar siendo consciente, aceptando lo que ha sucedido, intentado aprender de los errores cometidos y tomar acciones de cara el presente y el futuro, como por ejemplo, buscar nuevas ofertas de trabajo, apuntándote a un curso para reciclarte profesionalmente o emprender. 

Esto es, actuar de un modo responsable.

Actuar de un modo responsable

Convertirte en responsable de tu vida, te convierte en una persona que es consciente de su situación actual, que sabe ver su parte de responsabilidad, que toma acción para cambiar lo que puede cambiar, aceptar lo que no puede y aprende de ello para estar más preparado y hacerlo mejor la próxima vez.

Recuerda que, tanto si actúas como si no, estás creando una realidad en tu vida. La no acción también afectará en el resultado de la situación. En vez de buscar un culpable, siéntete responsable de la parte que te corresponde, introduciendo los cambios que puedas a partir de ahora, para cambiar tu situación. Si no se puede cambiar, evalúa qué puedes hacer con esta situación y cómo la puedes aprovechar o qué puedes aprender para actuar de un modo distinto la próxima vez.

¿Qué significa ser responsable?

  • Renunciar a buscar culpables de lo que nos ocurre, de lo que tenemos, de lo que hacemos o de lo que sentimos. Ahora es cuando dices que no es tu culpa que tu vecin@ (ponle el nombre que quieras: madre, marido, hermana,…) sea insoportable y te saque de quicio pero el que se pone nervioso eres tú, el que no puede controlar como se siente eres tú, aunque sea la otra persona la que actúe de un modo que a ti no te gusta y te molesta. Es momento de asumir que somos los causantes de todas nuestras experiencias.  
  • Tampoco nos culparemos a nosotros mismos. En modo víctima, culparás a los demás o te culparás a ti: “lo he hecho todo mal”, “nunca aprenderé”, “siempre me equivoco”, “la culpa es mía”,… No existen buenas o malas conductas, pero sí existe un proceso de aprendizaje. Acepta como haya sido tu conducta porque era lo único que sabías hacer, lo hiciste lo mejor que pudiste con el conocimiento que tenías y tomaste la decisión creyendo que era la mejor opción. Respétalo.
  • Hacer lo que uno quiere hacer. En lugar de resignarte con lo que va ocurriendo y esperar a que vengan tiempos mejores, ve en busca de lo que quieres y de lo que necesitas. Tener objetivos y un plan de acción te pondrá en marcha y te ayudará a tomar el impulso que necesitas para pasar a la acción.
  • Tú decides cómo te sientes. Las circunstancias externas no las puedes cambiar pero como reaccionas a ellas sí. Puedes elegir ver el mundo con gafas grises o gafas de colores, ver el vaso medio lleno o medio vacío…
  • Estar atent@ a que tus acciones y conductas de víctima o culpable no vuelvan a aparecer. Es un trabajo de autoobservación y autoconocimiento.
  • Conviértete en la abeja reina. La abeja zángana repite un pensamiento automático y distorsionado: “seguro que no me quiere”. La abeja obrera define el tipo de distorsión: “adivinación”. Y la abeja reina da la respuesta racional objetiva: “hasta que no se lo pregunte no lo sabré con certeza”

Como ves, ser responsable requiere de cierto trabajo y esfuerzo, pero te permitirá sentirte muchísimo mejor y tener control sobre tu vida, así que, ¿qué elegirás ser la próxima vez?

¿Víctima, culpable o responsable?

Cuéntamelo en los comentarios 😊

¿Qué puedes hacer hoy?

¿En qué situaciones actúas como una víctima?

¿Y cómo culpable?

¿Cómo podrías ser más responsable de tu vida?

¿Qué podrías hacer distinto para actuar de un modo más responsable?

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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2 Comments

  1. Muy buen artículo desde mi parecer…me ha encantado…conceptos claros y mensaje directos y sencillos…lo mismo que la estructura que termina en ponernos manos a la obra con lo que hemos leído…MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIR TU SABER Y EXPERIENCIA…MUY VALIOSO…

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Sobre la autora

¡Hola! Psicóloga, Coach, Escritora, Equinoterapeuta, etc... Aprendiz de la vida y de la naturaleza, siempre dispuesta a aprender y a descubrir algo nuevo. Me encanta disfrutar de los pequeños grandes placeres de la vida: leer, las puestas de sol, la naturaleza, las croquetas, la música, los pasteles,... ;)

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