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El freno de tu vida, las creencias limitantes. La guía para transformarlas

Supongo que alguna vez te has sentido que vas con el freno de mano puesto, que hagas lo que hagas no consigues avanzar. Tu vida se ha convertido en el día de la marmota, en una película que no te gusta y que no quieres vivir.

A veces lo intentas, lo de salir de tu zona de confort, pero siempre termina saliendo mal y tú todavía te sientes peor. Nada, contigo no funciona nada, no hay manera.

¿Te has planteado que quizás el problema es que estás actuando con un guión que te está frenando? ¿Que quizás es problema de tus creencias?

Supongo que ya has oído hablar de ellas, ¿verdad? Las creencias, sobre todo las creencias limitantes, son muy famosas porque nos pueden ayudar mucho pero también nos putean mucho y muchas veces no nos damos ni cuenta. Pero vamos a empezar por el principio.

Las creencias de tu vida

Las creencias, podríamos decir que son paquetes de información, patrones, que utilizamos de modo consciente e inconsciente para crear nuestra realidad y actuar en la vida. Son esos mensajes internos que viven en nuestra mente subconsciente y condicionan nuestra vida.

Son las opiniones formadas sobre la vida, sobre las personas y sobre el mundo que nos rodea. Y es importante tener esta opinión y tener unas creencias asociadas, por supuesto. Pero el principal problema de las creencias, no son las creencias en sí, sino la calidad de éstas.

¿No tienes tiempo de leerlo todo? Escúchalo a través de tu podcast o aquí.

¿Cómo se generan estas creencias?

Normalmente, estas creencias se pueden construir de distintos modos y en distintos momentos de tu vida. La mayoría, las adquirimos en nuestra más tierna e inocente infancia donde todo lo que oímos y nos dicen, nos lo creemos sin preguntarnos siquiera si es cierto, si es válido o si es fiable. Nuestros padres y nuestros adultos de referencia son Dios en nuestra infancia, y hasta la adolescencia, no empezamos a plantearnos si lo que nos dicen es bueno para nosotros o no…

 Las creencias también se generan a través de la experiencia y de lo que hemos vivido. Si hay un impacto emocional intenso, todavía es más fácil que quede grabada en nuestra mente.

Por ejemplo, si un perro te muerde, ya desconfiarás siempre de los perros. De este modo, una creencia que puede quedar anclada en tu mente puede ser: “los perros son peligrosos”, así, cada vez que veas un perro, lo evitarás por miedo a que te ataque, aunque sea un perrito inofensivo. La creencia ya está creada.

También pueden adquirirse a través de alguien que posea cierta autoridad moral o de conocimiento, como los científicos o los expertos en un tema, los medios de comunicación (o los padres en la infancia),… Por ejemplo, si un experto reconocido afirma en los medios de comunicación que las semillas de calabaza son buenas para la memoria, la gente empezará a tomar semillas de calabaza sin probar si realmente es cierto o no, que mejoran su memoria. Aunque es lógico que confiemos en profesionales y expertos porque no podemos adquirir todo el conocimiento por nuestra propia experiencia y conocimiento, debemos asegurarnos que depositamos la confianza en personas que realmente sean autoridades en la materia, en programas y medios de comunicación que sean fiables y asegurarnos que la información que nos creemos, sea verídica de verdad.

También, tu moral y tu fe pueden predisponer un punto de vista particular de la vida, basado en tus valores personales.

A veces, basta una sola experiencia negativa del pasado para aplicarla en toda nuestra vida. Por ejemplo, cuando te quedaste en blanco en una presentación en el colegio y ya has afirmado que no sirves para hablar en público, aunque solo sucedió una vez.

Las creencias son necesarias

Estas creencias son necesarias, nos protegen, nos dan información, nos ayudan a vivir (y a sobrevivir). Peeero (siempre hay un pero), estas creencias tienen un poder extraordinario ya que dirigen nuestros pensamientos. Así que debemos tener mucho cuidado porque tienen la capacidad intrínseca de condicionarnos, es decir, nos pueden predeterminar a actuar de un modo u otro y esto puede ser determinante en nuestras vidas, tanto de forma positiva como negativa.

Tipo de creencias

Entonces, podemos hablar de creencias potenciadoras, cuando esta información que hemos adquirido nos ayuda a crecer, nos ayudan a abrirnos al mundo y a expandirnos en todas direcciones conectándonos a todas las posibilidades y nos empoderan. Es decir, suman en nuestra vida.

Para contar un ejemplo de esto, podríamos hablar de la historia de Philippe Petit, el funambulista que cruzó las torres gemelas sobre un cable de acero. Su pasión y sus creencias de que era posible, hicieron que consiguiera su sueño. Vale, quizás no hace falta hacer estas locuras pero sí es cierto que si no hubiera creído en él y en que era posible, no lo hubiera hecho y mucho menos, no lo hubiera conseguido.

Por otro lado, están las creencias limitantes que pueden bloquearnos e impedirnos a llevar a cabo acciones que pueden hacer nuestra vida mejor. Estas creencias son percepciones de la realidad que nos impiden crecer, desarrollarnos y alcanzar esos sueños y objetivos que nos gustaría conseguir.

Son creencias que no son ciertas o no lo son al 100% (todo tiene matices en esta vida) pero como NO las hemos evaluado, las damos por buenas sin cuestionárnoslo.

Ejemplos de creencias limitantes

Algunas de las creencias limitantes más habituales son las que empiezan con:

  • No puedo…
  • No valgo…
  • No merezco..
  • No soy suficiente…
  • No tengo derecho a…
  • El éxito no es para mí…
  • Para mí es muy difícil…
  • No soy capaz…
  • Es imposible …
  • No es correcto/ no está bien…

Hay muchísimas más y es importante ir descubriendo las que te van limitando, pero la estructura de como formulamos las creencias, suele empezar así. De este modo, puedes encontrar infinidad de creencias limitantes que empiecen con algunas de estas frases.

Pero también hay muchas otras que hemos aprendido con los años que nos van a limitar y frenar las oportunidades de crecimiento, de felicidad, de abundancia…

Por ejemplo:

  • Todos los hombres son iguales –  frena la posibilidad de encontrar una pareja con características distintas a las preestablecidas (te tratan mal, no te valoran,…). Debes cambiar esta creencia limitante y las programaciones subconscientes asociadas para dejar de atraer este tipo de hombre en tu vida.
  • No hables con desconocidos – te está limitando la posibilidad de conocer personas muy interesantes. Obviamente esta frase la has aprendido de tu entorno para protegerte, pero la has tomado al pie de la letra y desconfías de cualquier persona desconocida, hecho que te impide tener nuevas amistades y nuevas oportunidades en tu vida.
  • Los ricos son malos – si tienes dinero te sentirás mal por tenerlo, porque esto te convierte en una mala persona. Si no tienes dinero, generará malas relaciones con personas con dinero o directamente, los culparás de todos los males por tener más dinero que tú.
  • Mostrar los sentimientos es de débiles – no solo no podrás expresar tus sentimientos sin sentirte débil y mal, sino que probablemente, tendrás graves problemas para hacerlo, creando un bloqueo interno importante que te generará mucho malestar.

No nos cuestionamos las creencias que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, y éstas son nuestras limitaciones.

Debes tener en cuenta que no puedes decorar una casa si no has visto lo que hay dentro, ¿verdad? Pues nuestras creencias son similares. Si no conoces cuáles son tus creencias y cuáles te están limitando, no podrás transformarlas en creencias potenciadoras.

Como has visto, hay muchas creencias que están tan arraigadas a la cultura popular que ni siquiera las valoramos como creencias limitantes. Además, muchas de ellas las hemos aprendido para protegernos y todavía cuesta más plantearnos que no puedan estar limitando.

Si quieres descubrir más cosas de ti y aprender a conocerte, apúntate al curso Gratuito: Reinvéntate, aquí.

Cómo descubrir tus creencias limitantes

Hay varias maneras para descubrirlas y darte cuenta que te están limitando.

Habrá veces en que será necesario transformarla por completo, sobre todo, si empieza con “no puedo”, “no soy capaz”,… pero otras veces, bastará con ser consciente que las creencias no son certezas al 100% sino que tienen matices. Por ejemplo, el ejemplo anterior de no hablar con desconocidos, sabes que te lo dijeron cuando eras pequeño para protegerte, pero ahora, cuando tengas pudor en hablar con alguien, piensa que tienes la posibilidad de conocer personas maravillosas si te abres a ellos.

Lo importante es ir revisando cada cierto tiempo nuestra forma de pensar para ir identificándolas. Sobre todo, cuando te des cuenta que hay algún ámbito en tu vida que no mejora, o que no consigues conseguir un objetivo que llevas mucho tiempo intentando conseguir, aunque tengas ganas y motivación para conseguirlo. Probablemente, hay un bloqueo debido a tus creencias limitantes, esa vocecita interna que habla en off que te estará diciendo que no eres capaz o de que no puedes.

Creer te da poder. Crear te permite crear. Obviamente, con creer no vas a tener ya tu vida solucionada, pero si no empiezas creyendo en que eres capaz, es muy difícil que puedas conseguir nada.

Tal como piensas, así actúas. De transformar estas creencias, tienes el reto y la oportunidad, de vivir una vida coherente y acorde a tus verdaderos deseos. Pero antes debes conocerte y analizar cómo piensas.

Hay varias formas para cambiar estas creencias pero la más habitual y sencilla es esta.

  • Primero hay que identificarlas, descubrir cuáles son los mensajes que te repites en tu día a día. Por ello, deberás observarte y escucharte. Apúntalo en un papel. Por eso te pedía al principio del curso que apuntarás todo lo que te decías durante una semana, es una buena manera de tener información de tus creencias limitantes.
  • Elige 1, la que se repita más, la que te duela más,.. y escribirás al lado de tu creencia limitante, tu contra creencia.
  • Como te conté anteriormente, esta será tu afirmación, tu mantra a repetir a diario tantas veces como sea posible, sobre todo cuando te escuches diciendo la creencia limitante, contrarréstala repitiendo tu nueva creencia.
  • Puedes ayudarte poniendo esta nueva creencia en post-its que veas a menudo, de fondo de escritorio en tu teléfono o tu ordenador, o hasta poniendo una nota en tu monedero y la veas cada vez que la abras. 
  • Poco a poco irás interiorizando esta nueva creencia hasta que sea tu nueva realdad.

A menudo, hay personas que me dicen que no sabe identificar sus creencias limitantes. Otra creencia limitante que tenemos los humanos, es que creemos que, si cámbianos nuestras creencias, vamos a perder nuestra identidad o vamos a adquirir una creencia de otra persona, perdiendo nuestra esencia. Pero, ¿de verdad quieres agarrarte a una identidad que te dice que “no vales para nada”? ¿De verdad te sientes manipulado si te digo que te beneficiará creer que “eres capaz”?

En estos casos lo pongo muy fácil, pruébalo. Repítete 20 veces, “eres una mierda”.

Probablemente te has asqueado antes de llegar a las 20 veces, ¿verdad? ¿Y si ahora te repites 20 veces “soy capaz”? ¿Cómo te sientes? Mucho mejor, ¿no?

Cada vez que tengas dudas sobre si tu creencia te frena o te potencia, imagina cómo será tu vida si te dices cada día esa creencia. Luego imagina cómo podría ser tu vida si te dijeras lo contrario…

¿Cómo imaginas tu vida repitiéndote cada día, “eres mediocre y no vas a conseguir nada de lo que te propongas”? ¿Y repitiéndote, “con las herramientas adecuadas, las habilidades y el esfuerzo necesario, puedo tener una vida mucho más bonita”?

Creo que es fácil, ¿no?

Te voy a dar una última opción:

  • Apunta del 1 a 10 como de bien te sientes. Digamos que te sientes… un 6.
  • Ahora, repítete 20 veces “no lo vas a conseguir”
  • ¿Cómo te sientes? ¿Cómo es tu posición corporal? ¿Y tus emociones? ¿Te sientes motivado? ¿con ganas de hacer algo?
  • Ahora repítete 20 veces, “si me esfuerzo, puedo acercarme a mi sueño”. Date cuenta que ni siquiera te estoy dando una afirmación más fuerte del tipo “voy a conseguir mi sueño”.
  • ¿Cómo te sientes ahora? ¿Sientes más fuerza dentro de ti? ¿Te sientes más poderosa?
  • Aprende a observarte preguntándote antes y después de repetir una afirmación para ver si te hace sentir bien o te hace sentir mal. Es importante no confundir la fuerza de la ira y de la rabia con la fuerza de la ilusión y la seguridad.

Sé persistente con tus afirmaciones, hasta que tu mente las acepte como una verdad absoluta. Verás que te sentirás bien expresándolas. Si no te las crees, recuerda que debes hacerlas más pequeñas hasta que lo veas posible. Cuanto más la repitas, más rápido la podrás interiorizar.

Gandhi decía,

Mantén tus pensamientos positivos,
porque tus pensamientos se convertirán en tus
PALABRAS

Mantén tus palabras positivas
porque tus palabras se convertirán en tus
ACCIONES

Mantén tus acciones positivas
porque tus acciones se convertirán en tus
HÁBITOS

Mantén tus hábitos positivos
porque tus hábitos se convertirán en tus
VALORES

Mantén tus valores positivos
porque tus valores se convertirán en tu
DESTINO

Recuerda, si crees que no puedes, el cerebro ya te predispone para esto. Y si le sumas el miedo al fracaso, la incertidumbre del futuro,… tu mente toma fuerza y saca toda la parte catastrófica de lo malo que puede suceder. Si te dejes llevar por estos pensamientos y estas creencias, si crees que todo te sale mal, que todo te va a salir mal, probablemente así será. Porque debes de tener en cuenta el efecto Pigmalión, que en un momento te voy a hablar de él…

Aunque estés trabajando tus creencias, piensa que siempre tendremos alguna creencia limitante. Lo importante es ser consciente de ellas cuando vayan apareciendo y trabajarlas con las herramientas que estás aprendiendo para transformarlas y vayan perdiendo fuerza.

Las creencias limitantes, no solo frenan tu desarrollo personal y profesional sino que también estarán limitando y complicando tu día a día y tu vida en general.

Del mismo modo que puedes cambar de opinión, de aficiones o de valores, también puedes cambiar tus creencias cuando dejan de ser válidas para ti. Por eso, de vez en cuando, revisa tus creencias, no sea que tus creencias te hayan anclado como le pasó al Elefante del cuento de Jorge Bucay.

“Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaban eran los animales… De todos ellos me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… Pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas atada a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.

Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Pregunté a maestros, padres, tíos… por el misterio del elefante; pero la única respuesta que obtuve es que no escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “-Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? “. No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… Y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

* Imagen de Google

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse.

Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…”

Jorge Bucay – El elefante encadenado

El efecto Pigmalión

Las creencias, pueden llevar al cumplimiento de una profecía y de esto trata el efecto Pigmalión.

El efecto Pigmalión es un hecho que describe cómo las expectativas y las creencias de una persona, influyen en el rendimiento de otra. Por ejemplo, cuando tus profesores te dijeron que nunca conseguirías ser nadie en tu vida y esta frase te han acompañado el resto de tu vida con cualquier cosa que has intentado hacer.

“Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido” Albert Einstein

Las profecías autocumplidas

Las profecías autocumplidas hacen referencia a que nuestras creencias, acaban reflejándose en nuestras acciones. Aquello que crees que puede pasar, puede terminar pasando.

Inconscientemente, estamos creando la realidad para que ocurra. Por ejemplo, crees que fallarás el examen de conducir porque te pones muy nerviosa cada vez que la gente te mira y te evalúa y todavía te pones más nerviosa pensando en ello. Efectivamente, durante el examen te pones muy nerviosa, te das cuenta que te pones más nerviosa, te criticas por ello y acabas fallando el examen. Profecía autocumplida.

La confianza en uno mismo, aunque sea fomentada por un tercero, nos puede dar la fuerza suficiente para alcanzar eso que soñamos, para llegar a ser lo que creen y creamos que podemos ser. Las expectativas que tengas sobre ti misma, determinarán los logros que alcanzarás.

Para lo bueno y para lo malo, el efecto Pigmalión se cumple. Respondemos a lo que los demás esperan de nosotros y respondemos a lo que esperamos de nosotros. De aquí viene la frase de “lo que crees es lo que creas”.

“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón”.

Por cierto, si quieres aprender más sobre tus limitaciones y tus frenos, lo descubrirás en el curso “Deja de ser tu peor enemigo“.

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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