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Transformando la crítica

Probablemente, ahora más que nunca, criticar es extremadamente fácil. Estamos  a un solo clic para criticar a todo el mundo: famosos, anónimos, amigos, desconocidos,… y ni siquiera tenemos que abrir la boca, salir de casa, encararnos con alguien… 

Lo mejor de todo, es que aunque todos somos rapidísimos para criticar a alguien, a nadie le gusta recibirlas. Recibir críticas no solo es duro, desagradable y molesto sino que además, aun así, sigue siendo algo tan natural y fácil como respirar.

Hay muchas formas de manifestar una crítica: un comentario, una orden, un suspiro, una pregunta sarcástica o hasta una mirada. 

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Y todas estas críticas, se graban a fuego en nuestra mente. No acostumbramos a recordar las que nosotros hacemos a los demás pero las que nos hacen a nosotros las llevamos grabadas durante años, décadas.

Ya verás, intenta recordar alguna crítica que hiciste a alguien cuando eras un niño… ¿Te acuerdas de alguna? Probablemente no pero… ¿y si te digo que recuerdes las críticas que te hicieron a ti cuando eras pequeño? Ahora probablemente recuerdas unas cuantas que no has olvidado desde entonces…

Una crítica duele tanto que tu cerebro no deja nunca de recordarla. 

Las críticas te afectan mucho más de lo que crees, es más, tu comportamiento varía constantemente para evitar ser criticado. Piénsalo, nos pasamos el día actuando en función de qué van a decir o que van a pensar los demás de nosotros, para evitar ser criticados

La pena de esto es que por miedo a ser criticados nos perdemos un montón de cosas interesantes e importantes de la vida: dejamos de hacer, dejamos de decir, nos apartamos de personas… Quizás tu idea es una idea fantástica para mejorar al vida de millones de personas pero el miedo a ser criticado hace que no digas nada y esta idea se pierde… O quizás una relación se puede salvar si das un consejo a tiempo… 

Así que, ¿qué puedes hacer para dejar de evitar la crítica? Arriesgarte a plantarle cara. 

Cualquier crítica puede ser tu mejor aliado o tu peor enemigo. Como explica Steven K.Scott, hay que aprender a tratar de forma correcta una crítica y es evaluando tres aspectos:

  • Su fuente
  • Su exactitud
  • Tu respuesta hacia ella

Cuando intentas evitar una crítica, o defenderte, ignorarla,… solo limita el impacto negativo que puede tener sobre ti. En cambio, si utilizas la crítica a tu favor, en un aliado, puedes conseguir beneficios sobre ti y sobre tu crecimiento personal. 

Me explico, normalmente, detrás de cada crítica hay una perla que puedes utilizar a tu favor para mejorar y crecer. Es decir, que puede que haya parte de verdad en esa crítica que te duele y puedes, o bien hundirte y lamentarte o ver ésa crítica como una oportunidad de mejorar. Eso si, ante cualquier crítica debes evaluar lo que comenté hace un momento: la fuente y la exactitud para considerarla digna de ser evaluada o no… 

Vamos paso a paso. Cada vez que recibas una crítica recuerda esta frase:

«Lo consideraré».

Así, cada vez que recibes una crítica puedes reflexionar sobre ésta y evaluar, primero, quién es la fuente: quién lo dijo y por qué lo dijo. ¿Es una persona cualificada para hacer esa crítica? ¿Conoce todos los antecedentes para hacer una crítica válida y sabia? ¿Comprende exactamente lo que estabas haciendo o diciendo?

Pregúntate: ¿Estaba su crítica basada en emociones, experiencias pasadas o fracasos (tuyos o suyos), falta de comprensión, «pensamiento convencional», o estaba basado en la lógica o en la realidad de la situación? 

Muchas veces, ni siquiera tu crítico dice verdaderamente lo que quiere decir. Por ejemplo, tu pareja puede decir «es que SIEMPRE haces X» cuando lo que realmente quiere decir es que algunas veces (y ésta última), has hecho X. 

El siguiente paso es considerar su precisión. Steven K.Scott compara las críticas con un cubo de agua. Normalmente, cuando nos sentimos atacados, nuestra inclinación natural es agachar la cabeza y marcharnos, levantar los brazos y defendernos o enfadarnos y atacar. Así que cada vez que recibas una crítica, imagina que te tiran un cubo de agua, ni de cemento, ni de mierda, solo agua.

Si te tiran un cubo de agua, tomas una toalla y te secas. No pasa nada. Si en el cubo había un poco de arena, quizás te picarán los ojos y te llorarán un poco nublándote el juicio. Así que te limpias la arena, consideras el asunto mirando a la fuente y la precisión de la crítica pero no reaccionas instantáneamente. Y lo bueno de esta reflexión es que normalmente dentro de esta crítica, entre la arena, hay una pequeña pepita de oro que simboliza una verdad escondida en ésta crítica. Y es ésta pepita que puede mejorar tu comportamiento, tu actitud o tus palabras. 

Imagina que te dicen que estás engordando. Te puedes enfadar, deprimir, atacar o quizás confirma tu propia opinión de que estás engordando y quizás ha llegado el momento de responsabilizarte de tu propia salud. Así que ésta crítica, ésta pepita será la motivación que te faltaba para crear un cambio positivo en tu estilo de vida y en tu salud. Solo dependerá de tu respuesta ante la crítica. Y aquí va el tercer paso para transformar la crítica en tu aliado. 

Nuestra responsabilidad es controlar como respondemos a todas las críticas que vamos recibiendo a lo largo del día y de nuestras vidas: deja que te arrojen el cubo de agua a la cara, sécate, da un paso atrás, considera la fuente y la precisión, límpiate la arena de los ojos y busca las pepitas de oro. 

Cuando pierdas el miedo a la crítica, dejarás consciente e inconscientemente de ajustar tus palabras y tus comportamientos para evitarlas. ¡Serás libre! Debes elegir entre reaccionar, defenderte, retirarte, atacar o transformar el enemigo en tu aliado.


¿Qué puedes hacer hoy? *

Haz una lista de las críticas más memorables que hayas recibido.

Intenta recordar alguna crítica de tu niñez…

Ahora evalúa lo cualificadas que estaban las personas que hicieron esas críticas. Pon una M para muy cualificada, una A para algo cualificada y una N para nada cualificada. 

Evalúa ahora las razones de éstas críticas. ¿Fueron críticas basadas en emociones? ¿En tus o sus experiencias pasadas o fracasos pasados? ¿En una falta de comprensión de tus objetivos, intenciones o visión? ¿En su pensamiento convencional en lugar de su pensamiento creativo? ¿Basadas en la lógica? ¿Basadas en las realidades de la situación?

¿Fue una crítica basada en el amor o en una preocupación sincera por ti y por los demás? ¿O fue por egoísmo, celos, miedo, rencor, dolor, inmadurez?

Evalúa el grado de precisión de la crítica. ¿Qué era agua? ¿Qué era arena? ¿Qué era una pepita de oro? Recuerda que no siempre hay pepitas de oro, a veces simplemente es agua que no tiene más importancia que secarse la cara y olvidarse… 

Y por último, evalúa cómo fue tu reacción. ¿Cómo respondiste? ¿Cuál habría sido la mejor respuesta? ¿Cómo puedes responder en futuras críticas?

Y no olvides cada vez que tú das una crítica, observa tu información, la exactitud, los motivos y si la vas a hacer, asegúrate que, como mínimo, sea una crítica con pepita de oro.

¿No consigues responder las preguntas? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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