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Pre-ocuparse

Probablemente te ha pasado alguna vez que empiezas a preocuparte por algo que todavía no ha pasado pero puede llegar a pasar. Bueno, es una posibilidad, o más bien, es una remota posibilidad pero, ¿¿y si sucede??

Bueno, pues te estás PRE-OCUPANDO, es decir, te estás preocupando antes de tiempo. ¿Y qué pasa con estas preocupaciones antes de tiempo? Que la mayoría de veces NO suceden y solo nos han mantenido ocupados y ansiosos por algo que no ha llegado a suceder. O sea, hemos malgastado tiempo y energía en algo que no ha sucedido. 


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Pre-ocuparnos nos genera ansiedad, miedo, dudas, ira, desánimo… ¿Tu crees que es beneficioso para nosotros? Voy a poner un ejemplo, imagina que estás esperando una llamada de un amigo y no te llama. Puedes pensar que se ha olvidado, o que pasa de ti, quizás te puedes molestar porque no te ha llamado… Y durante todas estas horas estás pensando opciones de lo que puede haber pasado, algunas neutras, otras negativas que irán generando emociones negativas… 

Imagina que te llama el día siguiente y te cuenta que no ha podido llamarte porque se le estropeó el teléfono. Probablemente ahora ya no estás enfadado y de todas las opciones que pasaron por tu mente, ninguna de ellas eran ciertas.

Esto nos puede llevar a una reflexión, que lo que te preocupa no son los hechos, sino tu pensamientos. Lo que tu crees y piensas de la situaciones que vives es lo que hacer que reacciones positiva o negativamente y como la mayoría de nuestras creencias son irracionales, nuestras preocupaciones también. Haz una prueba, la próxima vez que te moleste un hecho, no te centres en lo que te ha causado las molestias sino en la creencia que hay detrás. Te darás cuenta que muchas de ellas son irracionales. Por ejemplo, es una creencia irracional pensar que si te deja tu pareja, nunca vas a encontrar otra pareja. 

Y aquí vamos a por la segunda reflexión: controla lo que puedas, ignora el resto. Hay una oración llamada «oración de serenidad» que dice lo siguiente:

«Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, coraje para cambiar las que puedo cambiar y sabiduría para conocer la diferencia».

Y me parece una fórmula fantástica para despreocuparse: si puedes cambiar algo, hazlo. Si no puedes cambiarlo, acéptalo, ¿Por qué preocuparse? 

La próxima vez que empieces a preocuparte por algo, sigue los pasos de este gráfico y evalúa si puedes hacer algo, si es así, ¡HAZLO! ¡Pasa a la acción! Si no, ¿por qué preocuparte de lo que no puedes cambiar y no depende de ti?

¿Qué puedes hacer hoy? *

Analiza tu preocupación con el cuadro anterior, ¿depende de ti? ¿Puedes hacer algo? Y actúa en consecuencia.

También puedes probar de escribir lo que te preocupa. La escritura es muy terapéutica. Escribirlo te ayudará a verlo desde otra perspectiva.

Limita el tiempo para preocuparte, ponte unos minutos, por ejemplo 10 minutos para preocuparte y dar mil vueltas a las cosas. Peeero, una vez han pasado estos 10 minutos, ¡se ha acabado pensar en éso!

Entonces ya debes decir ¡Basta! cada vez que empieces a preocuparte. Así tu mente se quedará parada en seco. Y así tendrás que hacerlo cada vez que empieces a preocuparte de nuevo, eso sí, tendrás que ser consciente de tu mente y de lo que va pasando por ella para poderla parar a tiempo.

¿No consigues responder las preguntas? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. –

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