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¿Cuál es tu excusa?

Los humanos tenemos una gran capacidad para buscar excusas (completamente válidas) para evitar hacer cualquier cosa que nos haga salir de nuestra zona de confort o que requiera un esfuerzo. No es que seamos todos unos vagos (algunos más que otros) sino que, como ya comenté en otro artículo, nuestro cerebro es un crack evitando todo lo que requiera gastar energía. Por eso, es más probable que nos quedemos mirando la tele en el sofá que nos vayamos al gimnasio a sufrir, digo, sudar.

Cualquier actividad que sea fácil, conveniente y habitual será la que tendrá más fuerza y nos arrastrará hacia ella. Aunque una actividad sea placentera, como ir al cine, quedar con los amigos para ir a tomar algo, ir a la montaña a pasear… Todas estas actividades requieren cierto esfuerzo: buscar una película interesante para ver, conducir o desplazarse hasta el sitio, salir de casa, preparar la bolsa, vestirse, hasta ducharse para estar presentable socialmente,… Todo esto requiere más esfuerzo que quedarse en el sofá con Netflix, una manta y las palomitas.

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Ahora, si esto lo aplicamos al resto de nuestra vida, podemos entender por qué nos cuesta tanto cambiar un hábito o conseguir un objetivo. Así que, como nuestro cerebro no nos ayuda demasiado a salir del sofá (por decir algo), nos convertimos en grandes expertos creando excusas para no pasar a la acción o para justificar que vivimos como vivimos porque no tenemos solución o alternativa.

Algunas de las excusas más comunes que me he encontrado para no crear cambios ni esforzarse son las siguientes (algunas son de cosecha propia):

  • No tengo tiempo: esta es la reina de la casa. ¿Cuántos de nosotros no tenemos tiempo para algo? O más bien, ¿a quién le sobra el tiempo? Si una cosa he aprendido con los años es que el tiempo lo escogemos nosotros. Sí, tenemos el tiempo limitado y algunos tienen más que otros peeero, si algo nos interesa de verdad, sacamos el tiempo de donde no lo tenemos. Duermes menos, ves menos la tele, te levantas más temprano,… pero sacas el tiempo de donde sea (sólo si te interesa algo de verdad, claro).
  • Ya lo he probado y no me funciona: ésta es otro clásico. Si el primer día que cogemos un coche y se nos cala 2 veces decimos “Ya lo he probado y no me funciona”, aquí nadie conduciría. Todos hemos sido novatos en algo y como tal, nos cuesta, se nos da mal, es difícil, estamos incómodos… ¿Qué pasa con utilizar una técnica para cambiar un hábito por ejemplo? Pues lo mismo, al principio nos costará, se nos dará mal, será difícil, estaremos incómodos… pero si a la 1ª decimos que ya lo hemos probado y no me funciona, aquí no vamos a conseguir NADA de nada. Puedes decir “ya lo he probado y no me funciona” si te pasas un mes aplicando una técnica CADA DÍA y después de éste, ves que no has mejorado en nada. Si sólo lo has probado 2 días, te aseguro que NADA te funcionará. CAMBIAR CUESTA.
  • No, si esto ya lo sé: ésta también la he escuchado mucho y va muy ligada con la anterior. ¡Claro que ya lo sabes! La mayoría sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer para ser felices pero no lo ponemos en práctica porque requiere esfuerzo (y ya sabes qué pasa con esto). El problema no es saberlo, el problema es aplicarlo. Tenemos acceso a mucha información, tenemos las herramientas necesarias para crear cambios en nuestra vida, lo que nos falta es el valor y el coraje para ponerlos en práctica.
  • No me apetece: la pereza es nuestro gran problema. Es el mejor amigo de la zona de confort y cuesta mucho salir de sus garras para hacer las cosas que nos convienen (aunque no nos apetezcan).
  • No tengo dinero: otro clásico. Se pueden hacer muchas cosas sin dinero. Como decía antes, tenemos acceso a un montón de información y estamos capacitados para crear cambios en nosotros mismos sin tener que gastar mucho dinero. A veces nos gastamos mucho dinero en cosas que no necesitamos y con lo que realmente importa, luego no tenemos suficiente. Si quieres, puedes.
  • No es un buen momento: nunca es un buen momento, siempre falla algo: hace frío, hace calor, cuando termine X, cuando solucione Y, cuando, cuando, cuando…. Así que hazlo ahora, aunque no sea un buen momento, más vale hacerlo que no hacerlo nunca. Y otra muy relacionada con ésta, es la siguiente.
  • No estoy preparado: otra cosa que he aprendido con los años es que nunca se está suficientemente preparado, siempre hay cosas por aprender, para mejorar… y nunca, nunca, nunca estaremos preparados para algo. Así que empieza ya y ve aprendiendo por el camino. 🙂

¿Qué puedes hacer hoy? *

¿Y qué puedes hacer para deshacerte de estas excusas? Pues haz exactamente lo contrario de lo que te piden tus excusas.

Cuando te digan que no tienes tiempo, cuenta que haces con tu tiempo y verás que de tenerlo, lo tienes aunque lo inviertas en cosas que te hacen “perderlo” (redes sociales por ejemplo). Cuando te digan cualquier excusa para empezar mañana o el lunes o cuando soluciones algo… Di que NO y hazlo.

¿Qué te dicen que hoy estás muy cansado y que ya lo harás mañana? Pues hazlo menos tiempo pero hazlo igual, ahora. Ya verás que cuando hayas empezado te cuesta menos y el cansancio desaparece. Y si realmente estás cansado, lo haces menos rato pero ya habrás empezado.

No lo olvides:

“Haz exactamente lo contrario de lo que te piden tus excusas”.

  • ¿Cuáles son tus excusas favoritas?
  • ¿Qué le dirás a tus excusas el próximo día?
¿No consigues responder las preguntas? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

 

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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