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No eres mentalista, pregunta antes de sacar conclusiones

La mayoría de los conflictos y malentendidos que tenemos con las personas de nuestro alrededor es por la mala costumbre que tenemos los humanos de intentar leer la mente de los demás (y pensar que lo hacemos bien).

El ejemplo más fácil: whatsapp. Alguien lee tu mensaje y no te contesta al momento pero lo ves conectado online. Probablemente pensarás que pasa de ti, que se ha cabreado contigo porque has hecho algo o, como última opción y la más probable, que simplemente está ocupado.


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 Si lo generalizamos a distintos ámbitos y situaciones, podemos encontrar otros muchos ejemplos:

  • Está muy serio, estará enfadado conmigo.
  • No me ha dicho nada de mi cambio de look, no me quiere.
  • No me ha saludado por la calle, ¿estará enfadado conmigo? ¿Habré hecho algo?

Y nuestra mente ya acelera a 1000km/h buscando motivos y razones para justificar la conducta del otro. Nos sentimos como el Profesor X de X-Men que tenía la capacidad de ponerse en la mente de los demás y leerlas. El problema es que no lo somos y que nuestras interpretaciones son eso, interpretaciones y no podemos dar por sentado algo que es una interpretación desde nuestra realidad y no desde la realidad de la otra persona.

Piensa que todo lo que ves del mundo a tu alrededor, es desde tu propia perspectiva y punto de vista y además, muchas veces lo vemos desde un punto de vista negativo.

Los puntos de vista

Evaluamos todo lo que sucede, los pensamientos, las acciones y las conductas de las personas de nuestro alrededor a través de nuestro sistema de creencias, nuestro contexto y nuestra perspectiva. Por ejemplo, una persona que se relaciona con sus padres a gritos, encontrará más normal gritarse a la ligera que una persona que casi nunca ha oído gritos en su casa. Uno lo considerará lo habitual y el otro se quedará de piedra y pensará que es un ataque personal cuando probablemente, la otra persona solo hace lo que ha aprendido y a lo que está acostumbrado sin ninguna mala intención, es su modo de comunicarse.

Vamos a ver unos ejemplos muy gráficos:

Imagen extraída de Google

Imagen extraída de Google

¿Qué es lo qué verías si fueras el de la izquierda? ¿Qué pensarías? ¿Sería lo mismo que el de la derecha? ¿Quién tiene razón?

Puedes leer las señales que recibes de los demás, puedes presuponer lo que sucede pero hasta que no preguntes abiertamente, nunca sabrás de verdad qué le sucede al otro porque estamos descifrando sus señales con nuestro código y hasta nuestro propio código puede variar en función del estado mental del momento de la interpretación: mal humor, desánimo o al contrario, excesiva alegría y felicidad.

“Interpretar tiene el peligro de llegar demasiado pronto a conclusiones y creerlas como ciertas”.

El problema de no preguntar y de sacar tus propias conclusiones es que, aunque conozcas muy bien a alguien, como a tu pareja, nunca sabrás del cierto qué le pasa por su cabeza. Y precisamente es con las personas que más conoces, que más rápido sacas conclusiones sin preguntar. Y debería ser precisamente lo contrario porque son las personas que más quieres cuidar. Pueden estar preocupadas por alguna cosa que desconoces, tener un mal día, haber dormido poco,…

Así que, SIEMPRE, antes de sacar conclusiones, antes de pensar que alguien pasa de ti, que ya no le interesas, que está enfadado contigo, que te van a despedir, que has hecho algo,… Habla, pregunta, comunícate siempre, nunca des por sentado una interpretación, aunque sea la más sencilla y la más básica.

¿Qué puedes hacer hoy? *

Pregunta, ¡pregunta siempre! Puedes decir:

“Oye mira, he notado que últimamente estás más distante, ¿ha pasado algo?”

Y en función de lo que te digan, luego puedes dar tu punto de vista:

“Porque a mi me da la sensación que…”, “siento que…”, “creo que…”.

Pero nunca cierres una puerta dando por sentado tu conclusión sin la confirmación del otro porque quizás estás perdiendo una amistad, un amor o una oportunidad, por no preguntar antes de sentenciar.

Para intentar entender el punto de vista del otro, prueba este ejercicio:

  • Piensa en alguna situación en la que hayas tenido algún conflicto con alguien.
  • Intenta ponerte en su lugar y escribe en un papel la situación desde su punto de vista. Imagina que estás viendo la situación desde fuera, como si fueras una tercera persona. Especifica cómo se siente, lo que piensa, las emociones que siente, como reacciona… con todo detalle.
  • Cuando hayas terminado, vuelve a leerla. ¿Entiendes un poco más su punto de vista?
¿No consigues responder las preguntas? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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