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El punto de felicidad en la comida

¿Te ha pasado alguna vez que empiezas a comer un alimento y no puedes parar? Una bolsa de patatas, una caja de galletas… ¿Sabes por qué sucede?

A parte de que puedas ser más o menos glotón, hay un motivo llamado “Bliss Point” o “punto de felicidad” (o para ser más claros: adicción a la comida).

Parece ser que todo empezó con el investigador Howard Moskowitz y la petición de encontrar una manera adecuada para que los soldados americanos pudieran alimentarse correctamente. Los soldados suelen llevar paquetes de comida llamados MRE (Meals Ready-to-Eat, comidas preparadas para comer) durante sus operaciones. El problema de estos paquetes, es que si siempre tienen el mismo tipo de comida o no les gusta demasiado, dejan de ingerir las calorías necesarias para cumplir con sus misiones.

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Saciedad Sensorial

Así que Moskowitz empezó a investigar y aplicó el concepto de sensación de saciedad sensorial, que es, ni más ni menos, el aburrimiento de comer siempre lo mismo una y otra vez. Si siempre comemos lo mismo, nos cansamos y acabamos comiendo menos (por eso también funcionan algunas dietas muy restrictivas, te cansas de comer siempre lo mismo y, acabas dejando de comer). Por cierto, esto también pasa a la inversa, si variamos mucho de gustos y de sabores, la respuesta sensorial nos invitará a comer más cantidad.

Con la comida MRE de los militares, la idea era la de modificar su composición para hacerla suficientemente apetecible como para que los soldados comieran las calorías necesarias. Así que Moskowitz investigó qué tipo de alimentos comían los soldados y con qué frecuencia y descubrió que el pavo crujiente les parecía muy bueno pero se cansaban enseguida de él y en cambio, el pan blanco ni les saciaba ni se cansaban de él.

Aquí, descubrió que la comida podía tener un punto de la felicidad, es decir, un sabor lo suficientemente atractivo como para no llegar a la sensación de saciarse y lo suficientemente atractivo para nuestro cerebro como para que no hartarse de él.

Punto de felicidad

Así pues, el punto de felicidad es la satisfacción máxima del cliente, la razón por la que elige comer un producto: porque sabe que le va a gustar.

Para llegar a ese punto de felicidad en cualquier alimento, se suele regular la cantidad de azúcar, grasas, sal u otros componentes para adaptarse a los gustos de los clientes. Por eso cada vez tenemos más variedad de alimentos en el supermercado: light, natural, casero, picante, con queso,…

Y de esto también es responsable Moskowitz que trabajó con diferentes empresas alimentarias como Pepsi, Campbell Soup, Kraft,… Se lanzó en busca de datos estadísticos a través de catas a lo largo de Estados Unidos para descubrir los gustos de los clientes y encontrar la fórmula perfecta de cada producto.

Así que, a partir de aquí, cambió el modo en que la industria alimentaria produce los alimentos, desde entonces, los productos alimentarios se centran en gustar, en hacerlos más palatables, que los disfruten comiendo y, por supuesto, más vendibles.  

Visto así, entiendes que los productos alimentarios están diseñados para hacernos comer más, ¿no? Y si le sumas la publicidad constante de comida que encontramos por todas partes, lo raro es que no estemos siempre comiendo… Aunque intenten vendernos productos sanos y saludables, el objetivo de las empresas es apuntar a nuestro “Bliss point” y fomentar que consumamos más.

¿Qué puedes hacer hoy? *

Así que cada vez que vayas al supermercado y compres un producto procesado, piensa en el punto de la felicidad, esa pequeña adicción que te generan para que compres más sus productos y que hacen que acabemos enganchados a determinadas comidas ultraprocesadas.

Si quieres saber más sobre Howard Moskowitz y sus investigaciones, puedes ver esta charla TED Talk de Malcom Gladwell.

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