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La adaptación hedónica o la insatisfacción permanente

¿Te ha pasado alguna vez que compras alguna cosa que te hacía muchíííííísima ilusión pero al cabo de los meses, esa ilusión se va desvaneciendo y se convierte en un objeto más de tu casa? Esto es, ni más ni menos que el efecto de la adaptación hedónica.

¿Y qué es la adaptación hedónica? Pues es la capacidad de adaptarse a una situación nueva, sea negativa o positiva, recuperando el estado emocional anterior a esa situación. 

Como sabes, una cualidad básica de los humanos es la capacidad de adaptación. Nuestro cuerpo detecta los cambios y reacciona adaptándose a ellos rápidamente para estar preparado para próximos cambios. Por ejemplo, cuando entras a una habitación con mucha luz, que primero te ciega pero enseguida los ojos se adaptan a ella.

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La insaciable sed de los deseos

Lo que sucede es que nuestra mente no solo lo hace en el terreno físico como con la luz o el ruido, sino que también lo hace en el terreno emocional.

Vivimos en una sociedad que fomenta el consumismo como un modo para conseguir la felicidad. La publicidad está dirigida a hacernos pensar que más es mejor, que siempre necesitamos estar a la última y que estamos a tan solo un producto de la felicidad: una tele más grande, el teléfono de última generación, otro vestido en el armario, una nueva pareja,…

Y todo esto no hace más que fomentar la adaptación hedónica y que nos acostumbremos cada vez más al placer. Así, cada vez que saciamos un deseo, en vez de saborearlo y disfrutarlo, ya estamos ansiosos por cumplir el siguiente deseo. Y nunca tenemos suficiente. ¿Te suena?

También se conoce como la «teoría de la rueda hedónica» de Michael Eysenck que compara el comportamiento humano con el de un hámster corriendo en una rueda: siempre corriendo en el mismo lugar, vaya al ritmo que vaya, sin llegar nunca a una meta final de bienestar.

De aquí parece que sale la sensación de insatisfacción permanente que tienen la mayoría de las personas. Tarde o temprano, nos acostumbramos o nos cansamos de los estados placenteros.

Esta tendencia humana de regresar al nivel de bienestar, independientemente de los estímulos positivos o negativos, es lo que nos impide lograr un bienestar duradero con estímulos externos, siempre necesitaremos más.

Incluso si tienes el trabajo de tus sueños, a la larga, la sensación de satisfacción irá disminuyendo hasta volverse rutinario y perder el entusiasmo inicial…

La adaptación hedónica ante eventos muy positivos o muy negativos

Pensamos que una situación positiva específica nos va a hacer más felices, o que una situación triste o desagradable nos hará disminuir nuestra felicidad para siempre, pero no es así.

Hay varios estudios que afirman que las personas que han ganado la lotería, después de un año de obtener el premio, acaban con el mismo nivel de satisfacción que tenían antes de ganarla. Lo mismo sucede con personas que han sufrido accidentes graves. Brickman, Coates y Janoff analizaron a ganadores de lotería, personas que sufrían paraplejia debido a un accidente y un grupo control que no les había sucedido nada de lo anterior. Se tomaron los datos justo después del evento desencadenante (el premio o el accidente) y al cabo de un año, descubrieron que en los tres grupos, el nivel de satisfacción era muy similar entre los tres y a los niveles originales de su estado anterior.

«El placer y la felicidad se agotan por sí solos» Sonja Lyubomirsky

Aunque pueda parecer algo malo, la adaptación hedónica es muy beneficiosa para las situaciones negativas. Imagina que eres un preso y tienes que pasar 5 años en una celda minúscula, si no eres capaz de adaptarte a esta nueva realidad, el sufrimiento será insoportable…

El problema es que, con las situaciones positivas pasa lo mismo, cuando nos gustaría que ese bienestar que nos producen, durara más. Y en vez de pensar que es por esta capacidad de la que estamos hablando, pensamos que hay que buscar otra fuente de felicidad, que nos hemos equivocado pensando que íbamos a ser felices con ese trabajo, esa casa nueva o ese coche. Pero no es problema de una mala predicción de lo que creemos que nos hará felices, es la rueda hedónica: el ciclo indefinido de comprar, comprar y comprar.

Tanto si es bueno como si es malo, nos adaptaremos.

¿Cómo convivir con la adaptación hedónica?

Ahora que ya sabemos que hay un motivo por el que perdemos el interés cuando algo deja de ser novedoso en nuestras vidas, vamos a ver qué podemos hacer para mantener el interés y la felicidad asociada.

  • Saborea la vida – el «Savoring» o saboreo es una técnica muy sencilla que consiste en disfrutar de una experiencia de forma deliberada, es decir, de disfrutar y saborear un momento, un sabor, un paisaje. Disfruta de lo que estás viviendo con todos tus sentidos, en el presente, sin pensar en nada más de lo que estás viviendo.
  • Dosifica el placer – ya que sabes que te vas a acostumbrar a lo que te produce placer, intenta variar, pausar, cambiar eso que te produce placer para que no te acostumbres tan rápido. Imagina que te encanta el chocolate pero te pasas el día comiéndolo sin parar, probablemente al cabo de 3 semanas estarás hart@ de chocolate. Si te lo tomas a dosis controladas, no tendrás tiempo a habituarte y el placer se mantendrá cada vez que lo tomes.
  • Disfruta del presente – no esperes un futuro mejor, disfruta de lo que ya tienes, de tu presente, de los pequeños placeres rutinarios como una ducha, una tostada calentita, tu cama, una tarde de sofá, peli y manta,…
  • Evita la monotonía – aunque sea bueno disfrutar de tu presente y de tus circunstancias actuales, también está bien darse alguna sorpresa, algún plan inusual y distinto: una cena, un concierto, un fin de semana fuera,… Invierte en experiencias más que en objetos y saboréalas. Los cambios y las sorpresas harán tu vida más interesante.
  • Da las gracias por lo que tienes – el agradecimiento es la forma más fuerte y fácil de sentirse bien y feliz con lo que tienes. Agradece tu casa, tu cama, tu pijama, el agua caliente, tu comida, la nevera, el aire que respiras, vivir donde vives,… ¿Te das cuenta de lo afortunad@ que eres?
  • Interrumpe las actividades agradables y practica ininterrumpidamente las desagradables – si vas interrumpiendo las actividades agradables, como decíamos en el apartado anterior de dosificar el placer, evitarás la adaptación de este placer. Por eso, es interesante no interrumpir las actividades desagradables, es mejor hacerlas de golpe y sin pausas, así la adaptación hedónica se encargará de que te vayas acostumbrando y cada vez sufras menos. Si la vas interrumpiendo, volverás a empezar con el mismo nivel de dolor. Así que, empieza y termina lo que te da más pereza y te molesta más, como limpiar la casa, terminar un proyecto tedioso,…
  • Minimaliza tu vida – no necesitas el último modelo de cada producto electrónico, ni el mejor coche, ni la mejor casa, ni el jardín más bonito. Ya sabes que la acumulación de posesiones no te va a proporcionar una felicidad permanente, al contrario, así que acostúmbrate a vivir con lo justo y necesario porque todo lo demás es innecesario para ser feliz. La felicidad no depende de los objetos que tengas. Si sientes que tienes que comprar un objeto para ser feliz, intenta evaluar qué hay detrás de esta necesidad, ¿en realidad lo necesitas? ¿De verdad va a cambiar tu vida? ¿No hay alguna experiencia o actividad que te llenaría más?

¿Qué puedes hacer hoy? *?

¿En qué circunstancias de tu vida puedes encontrar el efecto de la adaptación hedónica?

Ahora que sabes por qué te sucede, ¿qué vas a hacer al respeto?

¿Qué puedes hacer para disfrutar más de los momentos buenos?

Recuerda que no basta con saberlo, hay que ponerlo en práctica y que la felicidad, con práctica y constancia, aumenta 😉

¿No consigues responder las preguntas? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

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