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Lo que podemos aprender del libro “Cómo vivir una enfermedad incurable” de Carolina Torres

Yo creo firmemente en que puedes decidir ser feliz “a pesar de” y “aunque”, pero yo soy una persona sana con una vida relativamente fácil (con mis problemas y mis preocupaciones pero nada realmente grave). Así que cuando leí una entrevista que le habían hecho a Carolina y explicaba que era feliz a pesar de padecer una enfermedad incurable, me compré su libro al instante. Ella era el ejemplo real de lo que yo creo.

En un principio, leyendo el título de su libro, podrías pensar que es para personas con una enfermedad crónica, pero tal como ella acaba diciendo, no solo es para personas que padecen enfermedades graves, también es útil para afrontar la vejez, ya que es una etapa de la vida con características muy similares a un cuerpo joven y enfermo. Pero también, es un libro para todo el mundo y a lo largo de este artículo te voy a contar porqué…

Como creo que es un libro imprescindible para una persona con una enfermedad grave, quiero centrarme más en el punto de vista de la persona sana, que también podemos sentirnos identificadas en muchísimos aspectos de este libro.

Todos somos enfermos terminales

Para empezar, me ha ayudado a ser consciente que es totalmente cierto que todo ser vivo es un enfermo terminal porque todos vamos a morir, quizás hoy, quizás dentro de 60 años… Pero el simple hecho de nacer nos convierte inevitablemente en mortales. No sabremos nunca cuando va a ser nuestro último abrazo, nuestro último desayuno o nuestro último día…

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Del mismo modo que las palabras “para toda la vida” o “para siempre” cuando te diagnostican alguna enfermedad, hacen que parezcamos mucho más longevos de lo que en realidad somos. Son frases que nos ponen una losa muy pesada encima porque nadie está sentenciado de verdad.

Pero que lo más importante es saber cómo vivir, dure la vida un día o cien años más.

¿Por qué yo?

Y con esto llegan los “¿Por qué yo?”. Como dice Carolina, hay muchas loterías en el mundo. La lotería negra da centenares de “premios” cada segundo y en todos los continentes, y luego existe la lotería rosa, en la que miles de personas son agraciadas con grandes oportunidades y varias suertes. Nadie aparece en televisión llorando cuando le ha tocado el gordo de Navidad preguntándose “¿por qué a él le han tocado tantos millones?”

Enfermamos única y exclusivamente porque estamos vivos”.

Ni más ni menos. Claro que hay conductas que pueden favorecer enfermedades y patologías pero no siempre hay un motivo o un culpable detrás de la enfermedad.

Siempre podemos favorecer la salud pero no garantizarla”. Así que es importante no sentirse ni culpable, ni sentir rabia, ni resentimiento por la enfermedad ya que son un lastre que nos impide avanzar y tener la mejor vida que podemos tener.

Aceptar es abrazar la realidad tal como es

La primera cosa que necesitas es tiempo para aceptar tu enfermedad. Así que quema, sin prisas ni pausas, todas las fases: tristeza, el duelo, la negación, la negociación y llega a la aceptación. No es fácil, pero es la base para que podamos avanzar”.

“Vive serenamente el duelo. No hay un tiempo establecido, tú debes encontrar el tuyo. Un mes, una semana o un año. Sabrás que has completado el duelo cuando puedas aceptar y agradecer tu nuevo punto de partida. Sin rabia, sin resentimiento,…”

Y esto lo podemos aplicar en cualquier aspecto de nuestras vidas que nos produzca malestar, tristeza o no sea lo que deseamos.  

Vivir deja marcas”.

Carolina pone un buen ejemplo de cómo permitir que el duelo y la tristeza forme parte de nuestras vidas pero que no dejemos que se quede permanentemente a vivir con nosotros:

“Observa como la tristeza entra en la casa del yo, se pasea por las estancias y finalmente decide marcharse. Ni le prepares una habitación de invitados ni le cierres la puerta. (…) Debes vivir la tristeza sin instalarte en ella”.

“Lo que resiste, persiste”.

Aceptar no es resignarse, es abrazar la realidad tal como es, entendiendo que la vida está llena de sombras, y amar también la oscuridad que conlleva”. Aunque no sea la situación que deseas, es la situación en la que estás y ahora mismo es lo que te toca vivir, así que la mejor opción es aceptar que es tu realidad, de momento.

Puedes elegir vivir profundamente decepcionado y triste por lo que te ha tocado vivir o puedes permitirte estar triste, enfadado o mal cada vez que lo necesites pero a la que puedas, volver a seguir adelante y a sentirte bien”. Si eliges la primera opción, como dice Carolina, “sabes muy bien lo que te espera, has renunciado a las posibilidades de la vida y le has quitado el factor sorpresa. Tu vida será igual desde el primer al último día”.  Es decir, te quedarás anclado en la tristeza, en la posición de víctima, malgastando tu vida con lamentos, ira y amargura.

“Si permites que un problema te deprima, acabarás teniendo dos problemas”. A veces nos quedamos tan obsesionados con lo que no podemos tener, que en vez de seguir disfrutando de lo que la vida nos puede ofrecer, nos amargamos con lo que no podemos tener y efectivamente, no solo acabamos teniendo dos problemas sino que además, perdemos algo todavía más importante: la capacidad de seguir disfrutando de la vida, aunque no sea lo que teníamos en mente.

Aunque ese aquí no parece el mejor lugar del mundo, es el mejor que tenemos porque es el único”.

Elige las luchas a las que tengas que enfrenarte

Es importante que escojas con sumo cuidado las luchas a las que tengas que enfrentarte y descartes las luchas optativas. (…) Cuando tienes poco dinero no puedes fallar, porque no tendrás una segunda oportunidad. A nosotros nos pasa un poco lo mismo: tenemos una energía y salud limitadas, así que debemos seleccionar con esmero de qué nos preocupamos”.

“Si te consumes en todas las batallas, llegarás exhausto cuando debas librar una guerra que requiera lo mejor de ti para que puedas salir victorioso”.

Las personas enfermas tienen fuerzas limitadas que les requiere aprender a hacer gestionar la energía, pero nosotros no somos tan diferentes. ¿Cuántos de nosotros acabamos agotados después de un día duro en el trabajo? ¿O de una comida familiar? Hay personas, situaciones, que nos agotan y lo permitimos porque toca, porque es lo que se espera de nosotros, pero… ¿vale la pena?

Comparto la actitud del montañista: no pienso en la cima, piensa en el siguiente paso”.

No vale la pena sufrir tanto por cosas y personas que no valen la pena. (…) Una de las muchísimas ventajas de la enfermedad (…) es precisamente este: que no necesitas envejecer para darte cuenta de qué vale o no la pena. (…) No puedes permitirte el lujo de tener disgustos, frustraciones, penas que no valen la pena. (…) No puedes estar constantemente en contacto con algo o alguien que te haga infeliz. Nunca en la vida, pero en nuestro caso es una cuestión de pura supervivencia”. ¿Por qué esperar a estar enfermo para empezar a vivir tu vida plenamente? ¿Por qué esperar a tener una energía limitada para rodearte de personas y situaciones que te hacen feliz y sumen? Ha llegado el momento de empezar a cuidarse y a valorarse y elegir tener a tu lado lo que sí vale la pena, sin tener que esperar a sufrir una enfermedad grave para empezar a aplicarlo en nuestras vidas. SIEMPRE, que sume en tu vida.

“Tener las fuerzas limitadas conlleva a tener que aprender a hacer de la necesidad virtud, que en la propia vida solo ocupe espacio aquello que merezca estar. Es como hacer una larga caminata: uno quiere ir ligero de equipaje para no agotarse prematuramente”.

¿Tu también quieres cumplir tus sueños?

Apuesta por el presente

Tu situación actual es un nuevo punto de partida, un nuevo camino con todas las dificultades, pero también el único que tienes, y sea este como sea, sigue estando lleno de posibilidades. Se trata de un nuevo camino desde donde empezar a nadar”.

“Si apago la capacidad racional y me entrego a los miedos, permito que los temores campen a sus anchas sin darme perspectiva ni soluciones, y en tal caso me convertiré en alguien angustiado que se condena una y otra vez a vivir un temor que aún no se ha materializado”.

¿Cuántas veces te has preocupado por algo que al final no ha pasado? ¿Y cuánto tiempo has perdido preocupándote por lo que no pasó? Pre-ocuparse es una actividad inútil.

“El cerebro quiere protegerte, así que pensará y se anticipará a todos los supuestos que puedan constituir un peligro para ti. Vamos a ayudar a nuestro cerebro superprotector a pensar mejor”.

“Pensar en negativo no te ayuda, esta es la principal razón por la cual no debes hacerlo, porque debes alejarte de todo aquello que te pueda perjudicar”.

“Pero no se puede morir antes de tiempo. Vivir con pánico no es vivir”.

“Vives para vivir”

 “La vida no nos la hemos ganado, nos ha sido dada. Algo o alguien nos la dio. (…) No tenemos la vida, pertenecemos a ella solo durante un tiempo”.

“He descubierto que, por cada no, hay un sí”.

“El mundo sigue estando lleno de posibilidades y fantásticas opciones, aún y siempre”.

Cada mañana nacemos, cada noche morimos; al acostarnos, preguntémonos si hemos vivido”. ¿Has disfrutado de tu día hoy? ¿Ha valido la pena? Que estemos “sanos” hoy, no significa que vamos a vivir para siempre, que siempre vamos a estar bien, ¿por qué esperar a vivir cada día como si fuera el último cuando nos digan que tenemos una enfermedad?

“Una persona enferma vive en un presente eterno. La enfermedad es una oportunidad para llegar directamente a la última etapa, a poder vivir como niños”.

“La enfermedad nos dota de un cierto escepticismo y de sobrevivir a los meses y a los años, pero nos otorga la capacidad de contemplar el cambio de las estaciones como un milagro”.

Agradece

“Agradece (…), gracias por estar vivos y con futuro – incierto, como el de todo el mundo -, por disponer de tiempo y por poder pensar. No hay mayor patrimonio que este”. Como decíamos antes, creemos que vamos a vivir para siempre pero la realidad es que, aunque no tengamos una enfermedad, seguimos teniendo un futuro incierto. No sabemos qué pasará mañana, ni dentro de 5 minutos, así que, gracias por lo que tenemos hoy, gracias por lo que tenemos ahora.

“Y perdonémonos. Perdonemos a la vida, al destino, a la casualidad, a las personas que no quisieron o no pudieron estar aquí”. Hay situaciones, personas que desaparecerán de tu vida. No te enfades, a menudo desaparecen de tu vida porqué no saben hacerlo mejor. Agradece el tiempo vivido y deséales que sean capaces de hacerlo mejor la próxima vez, tu eres capaz de aprender de las circunstancias para hacerlo mejor en un futuro pero hay gente que no lo ve, que no quiere verlo, y eso ya no depende de ti. Si ya no están en tu vida es porque ya no es necesario que estén en ella.

“Te sientes afortunado por poder disponer de tiempo, el mayor patrimonio de un ser humano, y observas como la mayoría de la gente lo pierde o corre tras urgencias sin importancia dejando que su tiempo se desvanezca un poco cada día”. Malgastamos nuestro tiempo porque pensamos que estaremos aquí para siempre, dejando cosas que siempre hemos querido hacer para más adelante, cuando nos jubilemos, cuando tenga más tiempo, cuando sea mejor momento… ¿Y si ese momento no llega? ¿Y si ya es demasiado tarde? ¿Por qué dejar lo que deseamos y lo que queremos para más adelante? ¿Por qué no empezar hoy? No te quedes con las ganas, empieza a hacerlo ¡Ya! El tiempo es muy valioso y no lo valoramos.

“¿Y por qué no lo haces? – claro que no puedes hacer todo lo que te gustaría estando enfermo, no vas a correr una maratón pero puedes hacer tantas otras cosas”. La misma pregunta nos podemos hacer a nosotros, ¿por qué no lo haces? ¿Qué estás esperando para hacer aquello que deseas? ¿Cuál es tu excusa?

¿Qué crees que has venido a hacer en el mundo?

“¿Qué crees que has venido a hacer en el mundo? Yo creo que hemos venido al mundo a entregar, en el momento de morir, un alma mejor que la que nos fue dada al nacer. Y en el trabajo de construir esta alma se halla la felicidad”.

“Los episodios de la vida se juzgan no solo por si son agradables, risueños, amables y confortables, sino por qué podemos aprender o qué nos pueden enseñar, qué habilidades nos permiten desarrollar, qué cualidades éticas debemos poner en práctica”.

 “No buscamos las experiencias negativas porque pueden ser útiles para crecer, sino que cuando llegan – y puedes creerme, siempre llegan – se aprovechan como un buen fuego para moldear un alma mejor. Así, claro está, también la enfermedad. (…) Las cosas malas son como el fuego: si es un fuego bien utilizado, crecerá el alma; si el fuego es desaforado e incontrolado, todo se reduce a carbón”. Como todo en la vida, tenemos la posibilidad de sacar la parte positiva de lo que nos sucede o vivir dentro del lamento y del victimismo. Así que, ¿por qué no elegir aprender de ello?

“No importa mucho qué te suceda, lo único importante es en qué tipo de persona decides que te conviertan los hechos”.

“Llegar a la muerte no es lamentar no haber pasado más buenos momentos, haber invertido mejor tu dinero, haber conseguido más entradas en la primera fila de los mejores saraos o las mejores mesas en un restaurante. Es haberse acercado, poco o mucho, a la persona que uno soñaba llegar a ser. Haber tenido un propósito, una vocación, haber desarrollado las propias capacidades, haber amado, haber hecho el bien siempre que haya sido posible. El resto son solo anécdotas”.

Lo importante no es lo que te ocurra, sino en qué tipo de persona te conviertes

“Soy en quien me he convertido, y quien soy es mucho más que la genética y las circunstancias”.

“La enfermedad es un gran intensificador de las existencias”. Te obliga a vivir más intensamente, tanto lo bueno como lo malo. Cada pequeña victoria, cada amanecer, cada anochecer, un momento de paz, un café con una persona querida,… Todo esto empieza a tener mucho más valor porque todo requiere mucho más esfuerzo y nunca sabes si lo podrás volver a vivir. Pero, los humanos, estamos aquí de paso, ¿recuerdas? Disfrútalo hoy porque tampoco sabes si lo vas a poder vivir mañana… nuestra vida es efímera.

La felicidad posible

“Hay muchos tipos de felicidad. Y la más importante, siempre, es la felicidad posible. (…) Entre añorar un imposible y vivir la felicidad que existe, me quedo con lo último”. Claro que puedes vivir recordando tu mejor época, lo guapo que eras, lo joven y poderoso que te sentías, lo bien que te lo pasaste… pero es el pasado. Y el pasado es esto, pasado, no se va a repetir. Así que, puedes elegir vivir con nostalgia o empezar a vivir el presente. Quizás no es como esperabas, quizás no es como te gustaría pero es el que tienes, y como dice Carolina, es la “felicidad posible” que tienes ahora mismo, así que, ¿vamos a disfrutar de toda la felicidad posible que tenemos ahora mismo?

“Saber diferenciar entre los problemas y las dificultades. El problema es X (la enfermedad) y otra cosa, muy distinta, las dificultades, pues estas últimas varían”. Aunque tengas un problema, las dificultades que lo acompañan pueden ser muy variadas, pueden no estar siempre, pueden cambiar en el tiempo…

“Somos como enfermos, la imagen en el espejo de lo que somos como personas sanas. Si somos personas intolerantes, seremos enfermos intolerantes, si somos personas maduras, viviremos la enfermedad con madurez”. Lo importante, siempre es la esencia, lo que hay detrás.

 “No podemos desperdiciar la vida en leer un mal libro o, lo que viene a ser lo mismo, un libro que no nos hable desde la primera página. No podemos hacer nada que no nos interese apasionadamente, por no hablar siquiera de algo que te perjudique”. Una persona enferma que no sabe qué tiempo le queda no puede permitirse perder el tiempo pero, después de todo lo que hemos leído, creo que tenemos claro que las personas que estamos sanas (hoy), tampoco sabemos el tiempo del que disponemos. ¿Por qué nos permitimos estar con personas que no nos valoran y que no nos tratan como nos merecemos? ¿Por qué permitimos que un jefe, un compañero de trabajo o un familiar nos amargue los días? ¿Por qué trabajamos en empleos que odiamos? No podemos desperdiciar la vida haciendo algo que nos hace infelices o que nos perjudica…

“¿Quieres vivir con toda la plenitud e intensidad que sea posible a pesar de tu enfermedad?”

Mi abuelo se pasó años diciendo que le quedaban cuatro días y que ya no valía la pena hacer X o Y, y acabó viviendo muchos años. Con la enfermedad pasa lo mismo “total, por lo que me queda en el convento…”, pero nadie sabe el tiempo que le queda, ni siquiera lo saben los médicos, ni las estadísticas, lo que te queda por vivir, así que puedes vivir el día a día, el hoy, disfrutando de él. Viviendo “el punto medio: vive con consciencia, pero sin angustia, nadie sabe si será su último beso o habrá aún cien mil más”.

Séneca decía: “te tengo por un infeliz porque nunca has sido infeliz. Has pasado la vida sin un adversario, nadie sabrá de qué has sido capaz, ni tú mismo siquiera”. Ante las dificultades, nos rebelamos. Ya lo decíamos antes: ¿por qué a mí?  Pero las dificultades son las que nos hacen crecer, las que nos hacen mejorar como personas, las que nos permiten aprender y hacerlo mejor la próxima vez. Puedes escoger crecer o quedarte como estás, lamentándote.

“Y quien no escoge, también escoge, escoge no escoger e ir tirando, escoge no contestar con la propia vida las grandes preguntas a las que debemos enfrentarnos por el hecho de estar vivos”.

La fe y la confianza

“La confianza es importantísima en cualquier proyecto que emprendas. Creer que es posible, que lo lograrás, saberte capaz de esto y de mucho más es una energía poderosísima. Es el “si yo conmigo, quién contra mí”.”

“Has sufrido un revés, de acuerdo, pero pensar que el futuro será mejor, que a pesar de la crisis encontrarás recursos y soluciones, que irás sorteando las dificultades una a una, que confías en ti y en el futuro a pesar de una situación dura, es la diferencia entre ver la desgracia como un nuevo punto de partida o como un punto final”. Como vamos repitiendo a lo largo del artículo, tienes dos opciones, elegir pensar en positivo, confiar en qué mejorará o amargarte en la desgracia y en todo lo mal que puede ir. ¿Por qué pensar en positivo? Pues porque te hará bien, tener esperanza, tener fe y confianza te hará más feliz que no hacerlo. Pero como todo, tú decides cómo quieres pensar y cómo quieres sentir. Yo lo tengo claro, yo elijo pensar lo que me hace sentir bien.

“Solo la persona prudente sabe cuando es tiempo de… ¿recuerdas? Cuando es tiempo de sembrar, de cosechar, de abandonar las tierras o de montar una fiesta al aire libre. La vida es la tierra, pero qué hacer con ella en función de su composición (qué plantar y cuando hacerlo o simplemente no plantar nada y pasear por ella) te lo dicta la prudencia”.

“Saber cuándo se trata de golpear e insistir y cuando se trata de aprender a mirar la belleza del muro (toda realidad tiene su belleza recóndita) es una de las líneas más potentes del propio crecimiento”. A veces también hay que saber decir que no, plantarse, cambiar de estrategia o replantearse nuevos caminos y objetivos.

“No voy a dedicarme a pensar que me quedan dos años de vida. Esto no es la realidad, la realidad no es la probabilidad o la estadística. (…) Es más importante la realidad que mi pronostico. La prudencia también es ser capaz de ver todo lo que puedo hacer estando enferma”.

“Podemos considerar que debemos hacer pasos para lograr algo y que lo sobrenatural de la existencia nos ponga frente a un imprevisto. O al revés, decidir aceptar la situación y que algo prodigioso ocurra y el muro más alto se convierta en arena”. “No siempre lograr algo es lo verdaderamente deseable, siempre nos debemos preguntar a qué precio. Lograr que una relación prospere, se mantenga en el tiempo, a cambio de la propia dignidad, no es un verdadero éxito. Hay precios que son siempre demasiado caros, se obtenga lo que se obtenga”. Efectivamente, no solo es importante saber decir basta y plantarse sino también valorar el precio de lo que deseamos. Quizás deseas un puesto de trabajo que requiere que tengas que trabajar noches y fines de semana, quedarte días sin ver a tus familiares y a tus seres queridos. ¿Vale el precio que debes pagar? Si la respuesta es sí, adelante. Si la respuesta es no, está bien plantarse y elegir otro camino.

Lo que te corresponde

“A ti también te corresponde aquello que te pertenece, y a la responsabilidad de vivir es darte precisamente lo que te corresponde. La mayor parte de las cosas más importantes solo te las puedes dar tú mismo: una vida con sentido, con objetivos y con valores”.

“No vivir ni por debajo ni por encima de tus posibilidades”.

A veces, lo que puede ser el mayor castigo, suele ser la mejor bendición porque te obliga a pararte y a mirar de verdad qué es importante en tu vida. Carolina lo tiene claro: “Objetivamente, nunca había estado tan mal y a la vez, nunca, jamás, en mi vida, te lo prometo, me había sentido tan bien como ahora”.

Ama siempre que te sea posible amar, es decir, siempre que la otra persona valga el amor que le des”. No vale la pena dar amor a quien no te lo da, a quien no te cuida, a quien no se lo merece. ¿Recuerdas que decíamos que la vida es muy corta como para esforzarse a darle algo a quien no vale la pena? Pues si no es recíproco, no vale la pena.

“¿Como puedo responder de la forma más noble posible en este momento y circunstancias que estoy viviendo?”

Tus prioridades vitales y tus objetivos

“Ser un sibarita de la vida, una persona que celebra la existencia, es posible creando metas de satisfacción y la alegría”.

“Mi hoy desafía lleno de esperanzas mi mañana”.

“La voluntad es la certeza de que hay cosas que de verdad se quieren y se pueden hacer. La voluntad nos acerca a alcanzar lo que queremos del mundo. Es sobre todo una fuerza potente, de seguridad y riesgo. (…) Es tener un objetivo, un porqué, una meta y persistir en ella”.

“La vida es demasiado ilimitada para que no haya un rotundo si ante mil puertas. No encadenarse ante los noes, los imposibles siempre son innecesarios porque todo imposible es innecesario excepto vivir”.

“Olvida todo lo que no puedas escoger, céntrate en lo que aún puedes hacer”.

“Estoy hablando del tao, de fluir, de flotar, de seguir la corriente de la vida, disfrutando por el río de la vida, contemplando sus paisajes, aprovechando los nutrientes y corrientes de las diferentes aguas”.

“Lo primero que deberías hacer es tener claras tus prioridades vitales. Anótalas, piensa en ellas.  (…) limítate a llevar una vida que refleje ya sea de alguna manera coherente con ellas”.

“La segunda cosa es establecer qué es aquello que amas y quieres conseguir. Normalmente, se trata de retos espirituales, físicos, intelectuales,… no deberían ser muchos, entre tres y cinco, porque quien mucho abarca poco aprieta”.

“Pregúntate diversas veces al día qué es lo mejor que puedes hacer con tu tiempo ahora mismo”.

“Hazte un horario general del día a día con todo aquello que consideres que has de intentar vivir y hacer. (…) Ten un calendario de proyectos: Qué es lo que lograrás de manera señalizada. (…) Ser capaz de decir de vez en cuando NO al horario. (…) Si me siento mal, si necesito dormir más, si no me encuentro bien, si no me apetece… me respeto. Mi cuerpo es como el mar: una puede proyectar salir a navegar cada mañana, pero si hay tormenta sabe aplazar el paseo”. Con o sin enfermedad, tener objetivos, horarios y planificación te ayuda a tener un motivo para moverte, para dar el primer paso, para despertarte cada mañana, pero también es necesario darse permiso para fallar, para no hacerlo, para descansar… Vivir no es ser perfecto, vivir es permitirse ser, pero sin dejar de esforzarse en vivir la mejor vida posible, sin dejar de ser la mejor persona posible…   

“Ten ideales que dependan de ti, que te hagan ilusión, que sean posibles. No te conformes, no abandones lo que amas”.

 “Tus objetivos y prioridades han de ser un intensificador de la existencia”. Tener un motivo para levantarse cada mañana. “La cuestión es encontrar algo que te apasione y llevarlo a cabo con las mejores habilidades y capacidades para verlo realizado”.

“Que la vida te encuentre haciendo la vida que deseas hacer, mientras puedas, siendo tú mismo, conforme a tus creencias, valores y necesidades”.

“Como decía Nietzsche, no seas como un piano que no decide qué música suena sino que reacciona a la pulsación a la que le someten. Si no te conviene, no alimentes el impulso, no eches combustible a la llama. La intensidad del deseo dura poco, aprende a apostar por lo que realmente quieres y necesitas y no por aquello que anhelas intensamente pero que no te conviene”.


Me ha costado un montón reducir todo lo que me gustaría comentar sobre su libro ya que considero indispensable leerlo, con o sin enfermedades crónicas. Y me gustaría despedir el artículo con este fragmento…

No es tan importante lo que te suceda, sino en quien te conviertan los hechos. La palabra enfermedad no significa mucho, la verdadera pregunta es ¿qué puedes vivir, ser, sentir, pensar y disfrutar estando enfermo? Y creo que, Si la enfermedad no es terriblemente dolorosa e invalidante, la respuesta durante mucho tiempo sigue siendo: “mucho”.”

¿Qué puedes hacer hoy? *?

¿Qué te ha resonado del artículo de hoy? Seguramente habrá algunas cosas que te han dado un “azote de realidad”, un “¡vaya!”, que te ayude a replantearte las cosas…

También hay muchas preguntas a lo largo del artículo, prueba de reflexionar sobre ellas y buscar una respuesta…

Y quédate con esta:

¿Qué es lo mejor que puedes hacer con tu tiempo y con tu vida ahora mismo?

¿No consigues responder las preguntas? ¿Necesitas ayuda? ¿Te ayudo?

— No te creas nada de lo que leas. Primero piénsalo, pruébalo y si te sirve, quédatelo. —

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